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Bizancio

La cultura bizantina recogió influencias griegas, orientales y cristianas sobre su base romana. Los resultados fueron: un cristianismo propio, un arte rico y espiritual, la invención de un nuevo alfabeto y una importante labor de recopilación del derecho romano.

La cultura bizantina

El imperio bizantino fue el heredero del imperio romano y mantuvo en un principio sus instituciones, su organización social y sus formas de vida. Sin embargo, tras el reinado de Justiniano fue adoptando cada vez más elementos griegos. El latín fue sustituido por el griego como lengua oficial, el emperador adoptó el título griego de basileus y la Iglesia bizantina se fue alejando de la Iglesia de Roma. Su situación entre Asia y Europa y su gran desarrollo comercial le permitieron recibir influencias de lugares tan diferentes como Europa occidental, el mundo islámico o Asia. La cultura bizantina fue una admirable síntesis de elementos clásicos, orientales y cristianos, en la que predominó un fuerte sello helenístico. Las grandes obras del saber grecorromano se recopilaron en escuelas, universidades como las de Atenas o Constantinopla y monasterios como los célebres del monte Athos, en Grecia, a los que no tenían acceso las mujeres.

El Código de Justiniano En el siglo VI, el emperador Justiniano compiló y actualizó las leyes romanas en lo que se llamó Código de Justiniano. El emperador reunió en un solo código las leyes romanas desde el siglo ll. Esta fue la base de las compilaciones de leyes posteriores en Europa y tuvo una gran influencia en la formación del derecho moderno. El alfabeto cirílico En el imperio bizantino, el latín fue sustituido como lengua oficial por el griego. En el siglo IX, dos monjes bizantinos, Cirilo y Metodio, evangelizaron a los pueblos eslavos de Hungría y del este de Europa. Para poder transmitirles en la lengua eslava el mensaje de los libros santos inventaron un alfabeto: el alfabeto cirílico, que es una adaptación del alfabeto griego. El alfabeto cirílico se continúa usando hoy en día en Rusia y en muchos otros países de Europa oriental.

La religión ortodoxa

En el imperio bizantino, la religión impregnaba la vida y la cultura, y era un motivo fundamental de preocupación, por lo que las disputas religiosas fueron constantes. Hubo importantes herejías, como el monofisismo o el arrianismo. En el siglo VIII, los emperadores prohibieron el culto a las imágenes santas (iconos) por considerarlo idolatría alejada del auténtico cristianismo. La disputa religiosa, conocida como las querellas iconoclastas, dividió a la sociedad bizantina entre partidarios y contrarios a los iconos. Finalmente, la presión de los monjes y de las clases populares obligó a derogar la prohibición. Posteriormente, las diferencias entre el cristianismo romano y el griego llevaron, en el año 1054, a la separación definitiva entre la Iglesia católica romana, obediente al papa, y la Iglesia bizantina o Iglesia ortodoxa, que reconoce el primado honorífico del patriarca de Constantinopla. Esta separación ha recibido el nombre de Cisma de Oriente. Los monjes ortodoxos evangelizaron a los pueblos eslavos del este de Europa. Por eso, hoy en día la Iglesia ortodoxa es la mayoritaria en esa zona del mundo. Países como Rusia, Lituania, Bielorrusia, Bulgaria, Rumania, además de Grecia y Macedonia, poseen una población que practica mayoritariamente la religión ortodoxa.

El arte bizantino

El imperio bizantino creó un arte que destaca por una gran brillantez en todas sus manifestaciones. La arquitectura bizantina fue espectacular por el lujo y la complejidad de sus edificios. Los palacios fueron admirados por los extranjeros debido a su riqueza. Para la construcción de iglesias usaron la cúpula sobre pechinas, la planta de Cruz griega y el capitel cúbico. Su mejor obra fue Santa Sofia de Constantinopla. También se construyeron obras muy bellas en Italia: del siglo XI es la basílica de San Marcos, de Venecia. Mosaico de San Vital en Rávena, Italia. Los edificios bizantinos eran sobrios en el exterior, pero estaban ricamente decorados en el interior con mosaicos e iconos. La escultura bizantina produjo bellos relieves en placa de marfil. Los mosaicos recubrieron con un lujo y color unisitados, ábsides y cúpulas. Este arte culminó en San Vital, de Rávena, Italia, donde aparecen composiciones carentes de movimiento, sin perspectiva, en las que el hieratismo, la quietud y la simetría triunfan en las figuras.